No es sólo mendigo aquel que, implorando,
se acerca a la gente en busca de pan,
también es mendigo aquel que, llorando,
suplica un cariño que nunca le dan.
Que extiende la manos vacias de sueños,
que espera una sola caricia de amor,
que espera la tierna limosna de un beso,
un beso que nunca tu boca le dio.

¡Te quiero!
Más allá de tu desprecio.
¡Te quiero!
Más alla de tu rencor.
Más fuerte que la voz de mi conciencia,
que tu cruel indiferencia
es mi propio corazón.
¡No importa!
Que yo viva como vivo,
si yo soy sólo un mendigo,
un mendigo de tu amor.

¿Por qué no comprendo tu cruel egoismo?
¿Por qué no te arranco de mi corazón?
¿Por qué, si te niegas, te quiero lo mismo,
y nada yo espero, si no es con tu amor?
Y sigo en la puerta, que nunca se abre,
y sigo implorando de tu compasión,
Yo soy un mendigo, mi orgullo lo sabe,
que vive rogando limosna a tu amor.

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